Expertos Pronostican gran terremoto en Chile.

El sur de Chile ya esta preparado y acumulado para un terremoto de gran magnitud según estudio científico

El 25 de diciembre de 2016, un sismo de 7,6 grados en la escala de Richter sacudió el archipiélago de Chiloé, con un epicentro localizado a 30 kilómetros de profundidad.
Según el estudio “El ciclo sísmico a lo largo de zonas de subducción” realizado por el Núcleo Milenio (Cyclo) y publicado en abril en la revista Nature Geoscience, el terremoto de Chiloé no fue una réplica del megaterremoto de Valdivia, sino un nuevo sismo que se generó por la energía acumulada en parte de la zona ya fragmentada por el gran sismo de 1960.

La investigación -en la que se utilizó un análisis de modelamiento matemático- afirma que incluso ya existe suficiente energía para que surja otro sismo de las mismas características que el de Chiloé, en algún lugar a lo largo de los 1.000 km de territorio que se rompió en 1960.
Lo de Chiloé fue la primera señal de reactivación sísmica y se produjo justo en el sector sur del segmento que falló hace 58 años. De acuerdo con el modelamiento matemático que realizaron Marcos Moreno, autor de la investigación, y Daniel Melnick, coautor y director de Cyclo, junto a Andrés Tassara y otros investigadores internacionales, la línea fragmentada en 1960, al menos en la zona de Chiloé (que es la que han podido estudiar), posee dos niveles: uno llamado segmento profundo, de 30 metros de profundidad, y otro menos profundo o somero que va entre los 5 y 20 metros de profundidad. Ambos se sincronizan temporalmente para acumular y liberar energía.

Esto prueba que hay dos tipos de terremoto, dice el investigador: los que se producen en el segmento profundo y que generan que la costa se eleve, y aquellos que se generan en un segmento menos profundo (somero) que provocan que la costa se hunda. Estos dos segmentos no interactúan al mismo tiempo, “aquí tenemos dos segmentos que ‘conversan’ entre sí, pero que también actúan de manera independiente”, indica Melnick.
Así, la placa de Nazca, que está en constante movimiento y generando presión al intentar sumergirse bajo la placa Continental o Sudamericana (movimiento de subducción), no lo hace de manera uniforme a lo largo de toda su extensión. En algunas partes estas placas se traban, mientras en otros sectores se siguen empujando.

En ese contexto, los terremotos más profundos, como el de 2016, pueden considerarse como una primera fase de liberación de energía que se produce después de un gran terremoto menos profundo como el de 1960. El modelo propuesto por Moreno plantea que a medida que la compresión de las placas entre terremoto y terremoto se acumula, más eventos como los de Chiloé deberían ocurrir a lo largo de la zona de ruptura de 1960.
En otras palabras, hablar de lagunas sísmicas o sacar las cuentas de cada cuántos años se repite un terremoto en un lugar determinado no es tan correcto. “Se asume que los terremotos son iguales, pero ahora sabemos que no es así. No se pueden mirar solo los datos históricos, hay que saber qué tipo de terremoto fue, si la costa se elevó o se hundió. Los terremotos profundos no son tan dañinos. Los someros, en cambio, provocan tsunamis y hunden la zona costera”, explica el director de Cyclo.


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