Desde inicios de mayo de 2018 una intensa actividad sísmica conocida como enjambre sísmico ha estado afectando a la isla de Mayotte.

Los sismos están agrupados en epicentros 60 kilómetros al este de la costa de la isla y la mayoría han sido eventos de baja magnitud acompañados de magnitud moderada, el máximo de magnitud 5.9 que fue sentido por la población el 10 de mayo y trajo daños a algunos edificios.
El monitoreo diario para la sismicidad de la zona ha sido encabezado por el Buró de Investigaciones Geológicas y Mineras, el servicio geológico francés, en colaboración con el Instituto de Física de París (IPGP, en fráncés), el observatorio Vulcánológico de Karthala, y el Centro Nacional de Documentación Científica.

De acuerdo con el IPGP, la isla de Mayotte es parte de una cadena volcánica del archipiélago de las Comoras. En el lugar, la actividad volcánica se inició hace aproximadamente 20 millones de años y posteriormente se extendió hacia el oeste, formando las diversas islas del archipiélago integradas por Mayotte, Anjouan, Mohéli y Gran Comora.
Esta última, es donde se ha presentado la actividad volcánica más recinete, en donde el volcán Karthala tuvo su última erupción en 2007.
Según señala el IPGP, el vulcanismo y la sismicidad moderada en el área pueden interpretarse de dos formas, se trata de un pequeño efecto del punto caliente o una deformación litosférica asociada con el sistema de grietas del este de África.
Y además, sugiere una combinación de eventos volcánicos y tectónicos, aproximadamente a 3 mil metros de profundidad en el mar, en la costa este de Mayotte, por un espacio de varias semanas.
Según informa el instituto, los mecanismos focales determinados para los tres eventos de mayor magnitud, muestran pausas en en el desgarre con un componente de extensión en las fallas. Datos de estaciones geodésicas cercanas a Mayotte, no mostraron deformación medible asociada a los sismos.
Por su parte, un análisis de la sonda espacial Sentinel-1 que aportó imágenes de radar de interferometría hasta el 2 de junio, confirma la ausencia de deformación en las fallas de la región.
Pero, según precisa el instituto, la falta de una red sísmica en el fondo del mar y la falta de datos geofísicos precisos, aún no permite a los científicos detectar y determinar la fuente y el curso que seguirán estos eventos sísmicos en los próximos días.